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Daniel Salvador. Fotógrafo de cuadros. Sevilla.

Nacido en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) fue hijo de Bartolomé de Arteaga, de quien se conocen grabados a buril hechos con cierta corrección, entre ellos el escudo de armas del conde-duque de Olivares publicado en el Panegírico de la Poesía, de Hernando de Vera (Montilla, 1627) y posiblemente las estampas del Breve compendio de la Carpintería de lo blanco (Sevilla, 1633) de Diego López de Arenas, con un retrato del autor firmado Artiaga en 1632. Siendo de corta edad la familia se trasladó a Sevilla, donde se formaría en el taller paterno y en contacto con Murillo, cuya influencia revela su obra temprana junto con la de Valdés Leal, quien se estableció en Sevilla en 1656, el mismo año en que Matías de Arteaga aprobaba el examen de maestro pintor. Un año antes, en 1655, Arteaga había contraído matrimonio con Juana de la Vega, por lo que cabe pensar que ya entonces se había independizado como pintor, aunque nada se sabe de su producción en estos años. En 1660 figuró entre los miembros fundadores de la célebre academia de dibujo promovida por Murillo y Valdés Leal entre otros, de la que llegó a ser secretario. En 1664 ingresó en la Hermandad de la Santa Caridad y dos años después en la Sacramental del Sagrario de la catedral sevillana, para la que realizó algunos trabajos. Viudo hacia 1680, contrajo inmediatamente nuevas nupcias con Juana Isidora y Valdovinos. Para estos años hay constancia también de su trabajo como tasador de pinturas.

El 9 de enero de 1703, gravemente enfermo, dictó su testamento, siendo enterrado el 12 del mismo mes en la parroquial de Santa María Magdalena de Sevilla. El inventario de los bienes dejados a su muerte revelan un modo de vivir acomodado, disponiendo de una esclava y una casa grande y bien amueblada, en la que contaba con una mediana biblioteca y entre los libros guardados en ella una Summa Teológica en latín de Henrique de Gante y la Historia General de España del padre Juan de Mariana, un estudio con todo lo necesario para la práctica del grabado y 153 pinturas. Casi la mitad de estas eran de asunto religioso, entre ellas cuatro series de la Vida de la Virgen de algunas de las cuales se dice expresamente que contenían vistas arquitectónicas, como las que se encuentran en la serie del Museo de Bellas Artes de Sevilla y en algunas otras de sus obras mejor conocidas. También conservaba dieciocho pinturas de floreros, presumiblemente de mano ajena pues no existe constancia de que practicase el género, diez países y una perspectiva arquitectónica, un cuadro de «una mujer asomada a la ventana», quizás original o copia de Murillo, y «veintiún lienzos modelos de Academias pequeños», es decir, desnudos tomados del natural, dignos de destacar por constituir las primeras referencias ciertas a los estudios hechos en la citada academia sevillana de pintura.​

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