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Daniel Salvador. Fotografía de cuadros.

Turina y Areal (Sevilla, 1847-1903), padre del compositor homónimo y hermano de la hermandad sevillana de Jesús de la Pasión, se especializó la pintura de escenas costumbristas que le otorgaron un discreto reconocimiento, como la medalla de oro de la exposición de Cádiz, en 1879. En esta escena representa lo transmitido por la tradición oral, divulgada por autores como Palomino, sobre la asistencia frecuente de Montañés a la procesión del Señor de Pasión, habiendo puesto en su boca la frase «en verdad esta sea obra de Dios, que no mía». Interpreta diversas noticias documentales acerca de la estación penitencial de la corporación en el siglo XVII, recogidas entre otros por el abad del Colegio de los Beneficiados, Alonso Sánchez Gordillo, en sus Religiosas Estaciones de 1632. Encabezada por estandartes y cruces, la procesión de disciplinantes y penitentes cubiertos por capirotes da paso a la imagen de Jesús de la Pasión acompañado por el cirineo, en el que Turina reproduce al conocido popularmente en la ciudad como «Mirabalcones», que la cofradía poseía desde 1841. Sigue al paso la comunidad de la Merced, que acompañaba, por un concierto con la hermandad de 1579, su estación penitencial, que por aquellas fechas tenía lugar en la madrugada del Viernes Santo o en la noche del Jueves Santo. El escultor, ya anciano, es representado sentado en un sillón de baqueta acompañado por personajes característicos y mirando a su obra con una expresión particularmente devota.

Martínez Montañés contemplando la salida de Jesús de la Pasión. Joaquín Turina y Areal. Archicofradía Sacramental de Pasión. Sevilla

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