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Daniel Salvador. Fotógrafo de monumentos. Sevilla.

La Capilla del Sagrario, situada en el vértice sureste de la mezquita, ocupa tres naves de la ampliación de Almanzor (Siglo X) y cuenta con una profundidad de cuatro tramos de arquería. Hoy día se utiliza para cumplir con las obligaciones litúrgicas que la Catedral tiene atribuidas como iglesia parroquial: antes dude desempeñar esta función, sin embargo, esta parte de la antigua Mezquita ya había sufrido una remodelación en 1517, a cargo de Hernán Ruiz I con el propósito de que albergase la librería capitular. De la intervención del arquitecto destacaría sobre todo la realización de la bóveda de crucería.

Su nieto Hernan III se encargó de las reformas que tuvieron lugar en la década de 1580, en una empresa de carácter eminentemente decorativo. La Capilla está cerrada por una reja de hierro forjado policromada, obra de Hernando de Valencia, en cuya parte superior se encuentra el escudo episcopal de fray Martín de Córdoba, el prelado que ordenó su construcción.

El tabernáculo, alojado en un camarín detrás del altar, es una suerte de templete en miniatura de madera policromía diseñado por el flamenco Guillermo de Otra. Las puertas del sagrario están decoradas con relieves que ilustran la Pasión de Cristo, realizados por el tallista Alonso de Rivera.

Las espectaculares pinturas murales, datadas entre 1585 y 1586, son para del artista piamontés Cesare Arbasia (h. 1547-1607). Este trabó amistad con el pintor Pablo de Céspedes (1538-1608) en Romay decidió seguirle a España,donde trabajó principalmente en la Catedral de Málaga.

Arrancando desde los zócalos, las pinturas de italiano cubren la totalidad de la superficie (arcos, pilastras, muros, bóveda…) y confieren así homogeneidad visual a una arquitectura híbrida que combina los arcos de herradura de la época califa con los apuntados d estilo gótico.

El elemento central del conjunto es una Santa Cena de grandes dimensiones que preside el Sagrario, estableciendo un vínculo visual entre la institución de la Eucaristía por Cristo y la práctica litúrgica.

A uno y otro lado se encuentran las figuras de los profetas David e Isaías. En el programa iconográfico se reserva asimismo un lugar destacado a los mártires cordobeses, que ocupan los muros laterales; cada grupo de santos se aloja bajo  un paisaje en el interior de los lunetos.

El pintor revela en estas escenas paisajísticas, al igual que en el fondo elegido para su Santa Cena, una sensibilidad acendrada hacia el espectáculo de la naturaleza.

En la bóveda de crucería se abre un cielo de gloria poblado de querubines.

Texto: Revista «La Mezquita Catedral de Córdoba» de Connaisance des arts y Ediciones El Viso.

Capilla del Sagrario. Mezquita Catedral de Córdoba

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