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De las muchas Inmaculadas pintadas por Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), quizás una de las más bellas y menos conocidas sea la que preside la Sala Capitular de la Catedral de Sevilla.

Pintada sobre tabla, está situada a la altura de los óculos que dan luz a la elíptica Sala Capitular, una de las estancias más originales dentro del conjunto. Fue la primera pintura encargada a Murillo por el Cabildo Catedral en 1662, junto con los tondos con figuras de Santos relacionados con la historia de Sevilla.

Esta obra de Murillo es admirable por la delicadeza de sus facciones y la belleza de su figura. La anatomía de la Virgen, recogida y concentrada, aparece envuelta por un fondo de nubes de variadas tonalidades, entre las que se mueven jubilosos grupos de ángeles que portan símbolos de las letanías lauretanas. La mirada baja de la Virgen y sus manos juntas parecen como querer acunar la plenitud de gracia que lleva dentro desde su inmaculada concepción. Existe en esta pintura un sentido de profundidad espacial, obtenido por la gradación de tonos luminosos, que crean un marcado efecto de vaporosidad ambiental. Este efecto contribuye a reforzar el sentido de ingravidez que poseen las figuras de la Virgen y de los ángeles (Juan Miguel Serrera). Esta obra del gran pintor sevillano abrió paso a otras que se encuentran en la Catedral de Sevilla.

Las innumerables Inmaculadas pintadas por Murillo tienen todas ellas algunos datos estéticos y descriptivos en común. Pero ésta de la Sala Capitular de la Catedral de Sevilla es especialmente significativa en su descripción única. El hecho de estar colocada a una gran altura hace que no se aprecie generalmente en todo su valor por el numeroso público que pasa por aquella sala. Se puede afirmar que esta obra de Murillo es una de las más importantes en la iconografía de la Inmaculada. Aunque quizás sea esa misma altura en que está colocada lo que aumente su atractivo de alada ingravidez.

Entre todos los tondos que pintó Murillo para esta Sala Capitular, quizás sea la imagen de Santa Justa la que muestre unos datos descriptivos más cercanos del aspecto de una mujer sevillana. Este naturalismo también se manifiesta en cierto modo en todas las ocho figuras del conjunto de estas pinturas de Murillo, que realizó en 1668.

Inmaculada de Murillo. Sala Capitular de la Catedral de Sevilla

Inmaculada de Murillo. Sala Capitular de la Catedral de Sevilla

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